Incluso, negocios colaterales que subsistían por la operación de ambas empresas hace tiempo que se fueron a la quiebra, lo que ha sido un golpe mortal a la economía informal de la región imberteña.
Agustín (Papa) Ceballos, un comerciante de Imbert, que vivió la bonanza económica que generó el ingenio Amistad, lamenta que por el momento “solo nos consuela saber que en el pasado vivíamos mejor que en el presente”.
Ceballos señaló que el cierre de las empresas azucarera y de procesamiento del tabaco fue un golpe mortal para los residentes en las distintas comunidades de Imbert, ya que en tiempo de zafra el “dinero corría por los canales” e incluso cuando se solía bregar con el tabaco “también se notaba un progreso notable en esta comunidad”.
Consideró que el gobierno debe hacer lo necesario para que nuevamente sea rehabilitado el ingenio Amistad, porque “nos estamos cayendo muertos del hambre por no tener fuentes de empleos”.
Opinó que en los terrenos de dicha empresa azucarera pueden realizarse proyectos agrícolas de ciclo cortos y de esta manera se dinamiza el comercio en la zona del municipio de Imbert.
Reconoció que la población ha crecido de manera vertiginosa, pero el desempleo sigue en aumento en los últimos tiempos, lo que agrava la situación de las familias imberteñas que no encuentran donde ganarse el sustento de sus hijos.
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