David posted on April 10, 2010 20:03
La cuaresma, iniciada el miércoles 17 de febrero, cuyo significado etimológico traduce “cuarenta”, simbolizando los cuarenta días de penitencia de Jesús en el desierto, los cuarenta años del pueblo elegido en marcha por el desierto hacia la tierra prometida, etc., es un espacio de reflexión intensa en torno a la dimensión más fundamental del ser humano; que es la elevación del alma humana a lo divino y la profundización en la indigencia humana. La cuaresma es el espacio propicio para mirarse interiormente y descubrir que, fuera de toda capacidad de autosuficiencia, el hombre necesita del auxilio de Dios para marchar con alegría y de manera fructuosa por el valle de la vida, afrontando con valor el gran reto de la existencia.
En este tiempo, caracterizado por el sacrificio, el ayuno, la penitencia y la abstinencia, es decir, por la privación voluntaria de aquello que más satisfacción me ofrece al realizarlo, Jesús se presenta como el alimento que da la vida eterna, como la esperanza de los descaído, como la fuerza de los débiles y como la luz de los que viven en tinieblas. Jesús con su mortificación corporal en el desierto toma nuestras debilidades y la fortifica para que en los momentos difíciles podamos alzar la bandera de la victoria espiritual contra la fuerza del mal que siempre está al acecho.
Ante esta ola de sacrificio propugnada por la tradición católica y fundamentada en las palabras de Jesús: “manténganse en vela”, podríamos cuestionar: ¿qué sentido tiene el sacrificio, el dolor voluntario y la privación de lo que a mí me gusta? ¿Por qué y para qué despojarme de ello en este tiempo? En primer lugar, poder abstenerme voluntariamente de lo deseado significa dominio de sí, dominio corporal, ser dueño de mí mismo y no dependiente de mis emociones y apetitos. Significa ser libre en la dimensión más pura. Esto es ser un gran conquistador y un gran y valiente guerrero; dominarse a sí mismo. En segundo lugar, hacemos sacrificio para arrebatar del trono celeste un bien superior y más sublime. Para alcanzar más gracia de Dios. Para estar cerca y acompañar a Jesús en el desierto y en la cruz, pues esto simboliza estar cerca del manantial y del trigo, donde la sed y el hambre no tienen espacio, puesto que Jesús lo llena todo.
En virtud de esto, ¿vale la pena jugársela por Jesús, decidirse por Él, seguirlo a Él, estar cerca de Él, y sacrificarse por Él? Cuaresma es presencia de Jesús, es tiempo de Gracia. Jesús es la superación del hombre, sólo en Jesús se esclarece el misterio y el enigma del hombre.
RICARDO LANTIGUA VÁSQUEZ